Señor, haz que sea de mi tiempo y no de mi edad.
Que no me apegue a mis ideas como un avaro a sus ahorros.
Que controle frecuentemente la validez
y sobre todo asegure constantemente la actualidad de mis ideas.
Hazme tener simpatía de las cosas que hacen otros,
especialmente cuando intentan cosas que no se me hubieran ocurrido a mi,
o se aventuran en territorios en los que jamás me he arriesgado.
Que sepa comprender más que juzgar. Valorar más que condenar. Alentar más que desconfiar.
Hazme entender que es importante eso que hago hoy, no lo que hice hace cinco o diez años. Que los otros tienen derecho a tener a la persona que soy y no a quien fui.
Señor, impide que me habitúe a mí mismo, a aquel que conozco demasiado bien
y que a veces tiendo a aceptar o soportar como suele hacerse con un viejo conocido.
¡Debo sorprenderme! Debo obligarme, cada día, a reconocerme nuevo, distinto, inédito.
Debo mostrarme desconocido. ¡Debo aceptarme otro!
Debo explorarme más allá de los límites habituales. Debo acogerme inesperado.
¡Ser insólito! ¡Resucitado!
Oración por la Vida
